Los
exiliados no somos de ningún lugar. Análisis crítico1
Óscar Gila
Álvarez
—1→
Untzia itsasorantza abiatu da. Nasan, adio luzaroan egin
dutenen begiek oraindik ere itsasoruntz soegiten dute.
Eta haurrak, eri erakusleaz geroago eta hurrinago doan untzia
seinalatuz, galdetu du:
«Ama, untzia beti eta tipiagoa da eta, zer gertatzen da
barruan doan jendearekin?»2.
Presentar a la comunidad científica una obra redactada en
lengua minoritaria, como en el caso que nos ocupa es el idioma vasco o euskera,
es realmente un empeño muy difícil. Quien aborde este intento, está obligado a
ser notablemente más preciso que en otras circunstancias, pues sabe que entre
sus posibles lectores son muy pocos los que podrán consultar directamente el
original; es decir, que para una gran mayoría, la reseña no será solamente el
medio para conocer la existencia de un libro interesante, sino que además, será
casi seguramente el único modo que tengan para acercarse a su contenido. De
aquí, por lo tanto, se deriva una gran dosis de responsabilidad, que se añade
al trabajo normal del reseñador; responsabilidad que obliga, al mismo tiempo, a
reflejar lo más fielmente posible lo que el autor dice y expresa, y a realizar
el trabajo de crítica y comentario inherente a toda recensión. Esperamos, en
esta ocasión, cumplir de un modo por lo menos correcto este doble cometido.
Para comenzar, conviene precisar algunos datos sobre el
origen de la obra y sobre su autor. Estos dos aspectos adquieren aquí una
notable importancia, ya que ni fue concebido originariamente el estudio como un
trabajo historiográfico, ni pertenece su autor al círculo de los considerados
«historiadores» -ni desde el profesionalismo ni desde el amateurismo-. El libro
se trata de una breve elaboración, de apenas poco más de cien páginas, que
obtuvo el primer premio del certamen «Becerro de Bengoa» del año 1994,
organizado por la Diputación Foral de Álava, en su modalidad de «Ensayo». Su
autor es más conocido en el mundo cultural vasco como creador de obras
literarias, fundamentalmente novelísticas, dedicación que compatibiliza con su
otra faceta de estudioso de la literatura en lengua vasca -especialmente de la
poesía popular oral o bertsolarismo-. De hecho, en buena medida el presente
trabajo se basa en su experiencia investigadora en este terreno3. Su faceta
como escritor, por otra parte, queda bien reflejada en los aspectos estilísticos
del libro, ciertamente nada desdeñables, que lo hacen de fácil y amena lectura,
sin que ello sea óbice para que el lenguaje utilizado sea rico y apropiado.
Ciñéndonos ya al contenido, fundamentalmente podemos
describir esta obra como una reflexión alrededor de la visión que la emigración
a Ultramar -fundamentalmente a América, aunque no faltan menciones, por
ejemplo, a los que se dirigían a Australia o Filipinas- ha tenido en el mundo
de la literatura vasca, sobre todo en los siglos XIX y XX. No se trata, en todo
caso, de un mero catálogo y yuxtaposición de fragmentos y composiciones sobre
este tema; es más, ni siquiera intenta Urkizu hacer un estudio exhaustivo de
las numerosísimas referencias que la emigración, en su sentido más lato, ha
tenido en la historia literaria del
—2→ euskera. El autor,
aprovechando sus conocimientos sobre la materia, ha elaborado un discurso
bipartito en el que se usan los fragmentos poéticos para ilustrar los diversos
aspectos de la emigración que va describiendo. De hecho, dada la importancia
que ha tenido el fenómeno migratorio en el seno de la sociedad vasca, la
literatura popular ha podido reflejar con profusión y prolijidad todos los
topoi posibles que giran en torno al emigrante: las causas, los viajes a
Ultramar, las esperanzas antes de partir, el dolor del abandono de patria y
familia, los esfuerzos y trabajos en el lugar de destino, las historias de
éxito y desengaño, la figura de los indianos o amerikanuak, el sentimiento de
herri-mina o recuerdo de la patria lejana, etc... En todas ellas pueden
apreciarse, además, diversos grados de intencionalidad, desde las que
simplemente reflejan el sentir de su autor o bertsolari4 -que muchas veces
queda anónimo, o del que apenas sabemos más que su nombre-, a las que fueron compuestas
-por autores y personajes conocidos de la sociedad vasca- como medio de
propaganda de una actitud respecto a la emigración, dentro de las campañas a
favor o en contra de la misma que tuvieron lugar en las regiones vascas durante
el periodo de vigencia de la emigración -opiniones ambas, que el autor resume
gráficamente con dos refranes tomados del acervo vasco del siglo XVI: Atzerri,
otserri («Tierra extranjera, tierra de lobos»), y Prestuari atzerri herri
(«Para el hombre recto y honrado, la tierra extranjera es hogar»)5-.
Hemos señalado ya que el trabajo es bipartito. Podría
afirmarse, incluso, que dentro del libro se integran, uno tras otro, dos
trabajos realmente muy diferentes, sólo unidos por sendos elementos comunes de
contacto: tomar como base la literatura vasca y su historia, y referirse a
procesos de emigración a Ultramar.
1.- En el primero de estos trabajos, tras un breve prólogo
donde Patri Urkizu pondera la notable importancia que ha tenido la emigración
como elemento temático y experiencia vital entre los escritores vascos (pp.
13-15), se dedica a disertar en torno a la tradición migratoria de los vascos,
iniciada ya desde los tiempos tardo medievales. En el primer capítulo (titulado
Atzerrian lurra garratz, oina ibinik egin baratz6), parte de esta tradición
secular para mostrarnos cómo dicha corriente se concretó en dirección a América
desde los mismos inicios de la conquista de aquel continente, fenómeno que
alcanza su máximo exponente en magnitud en el siglo XIX y primeras décadas del XX
(período este, que merece un tratamiento especial en el capítulo II, titulado
Ameriketara joan nintzen xentimorik gabe7).
De los siglos de la América colonial, y siempre en torno al
reflejo que tuvo el hecho americano -en su más amplio sentido- en los círculos
que se expresaban en lengua vasca, el autor se detiene principalmente en la
temprana presencia de los pescadores y balleneros vascos en aguas de Terranova
y Labrador, datada ya a comienzos del siglo XVI. Además de la toponimia vasca
que aún hoy perdura en aquella región, Urkizu se centra principalmente en el
uso de una lingua franca derivada del euskera para el entendimiento entre los
diversos grupos indígenas y europeos que se relacionaron en aquella región
americana8. Las menciones a la —3→ caza de la ballena y la geografía del
Atlántico norte se reflejaban, también, en manuales devocionales9 o en los
pocos libros geográficos10 editados en idioma vasco en los siglos XVI al XVIII.
El autor también toca la emigración vasca a la América hispana, si bien apenas
liquida esta corriente en apenas dos páginas, en las que, usando los escritos
personales del primer arzobispo de México fray Juan de Zumárraga, apunta el
fenómeno, aún hoy poco conocido, del mantenimiento de la lengua vasca entre los
emigrados y sus descendientes en América11.
No obstante, sin duda tanto por la cercanía como por la mayor
abundancia de las fuentes que utiliza como base para su estudio, es la
emigración contemporánea a América la que recibe un análisis más pormenorizado.
Durante los siglos XIX y XX se vivió un notable aumento de la producción
literaria en lengua vasca, que fue paralelo a su difusión popular, y que se vio
reforzada por el interés científico que despertó el estudio del euskera en
círculos filológicos europeos (con casos prototípicos como los de Humboldt o
del príncipe Louis-Lucien Bonaparte, entre otros). Fundamentalmente, fueron
tres los ámbitos de producción que más se desarrollaron, y en los que se plasmó
el fenómeno emigratorio masivo -como un reflejo de la especial relevancia que
tenía en la sociedad vasca del momento-: 1) la poesía popular, transmitida de
boca en boca, producto de bertsolaris; 2) la poesía culta, derivada
inicialmente de la anterior pero elaborada y transmitida de forma escrita -que
recibió un notable impulso con la celebración desde 1853 de unos Juegos
Florales o Euskal Jaiak-; 3) y ya desde el último tercio del siglo XIX, el
progresivo desarrollo de la novelística y del teatro. De todo este amplio
corpus de composiciones, de mayor o menor valor literario, toma Urkizu la
materia prima para su discurso.
El tratamiento que hace de esta información, sumamente
descriptivo, se define como una sucesión de los diversos topoi a los que ya
antes hemos hecho mención. Urkizu muestra fragmentos escogidos por su especial
claridad y contenido, para mostrar, junto con unos esbozos de contexto
histórico, los diversos momentos por que pasaba el emigrante desde la toma de
decisión de la marcha a América. En primer lugar, muestra someramente algunas
de las causas que impulsaron el movimiento, que muy esquemáticamente resume en
la descripción que hace del emigrante tipo: «pobres, desarraigados, desertores,
aventureros y engañados»12. Tiene la virtud de desechar una supuesta causa que
-desconocemos por qué razones- ha tenido un inusitado éxito entre los
estudiosos que se han dedicado a analizar la emigración vasca, ya desde los
comienzos del siglo XX: el llamado atavismo de la raza, un impulso irracional y
milenario que impulsaría al vasco a abandonar su tierra, del que ya hablara
Pierre Lhande13 y que ha sido recogido casi sin crítica en otras obras
posteriores. Para Urkizu, en cambio, las razones para que el vasco dejase su
pueblo eran más prosaicas. Las fuentes literarias muestran fundamentalmente
dos: la huida del servicio militar y la búsqueda de una mejora económica. Tanto
una como otra son mostradas, tanto de forma neutra como desde un punto de vista
contrario a la emigración, como por ejemplo en la poesía con la que Louis
Ithurbide ganó los juegos florares de 1857 en Urrugne:
Utz zatzik, eskalduna, utz zatzik Indiak
Desertur joaiteko asmu tzar guziak;
Oha erakustera eskaldun odola,
—4→
Guduetan hiltzera hire aitak bezala.14
Abandona, vasco, abandona todos tus malos
deseos de ir a las Indias;
Ve a mostrar tu sangre vasca,
a morir en la batalla como tu padre.
De hecho, un aspecto importante que tiene toda esta
literatura es su gran dosis de beligerancia, fundamentalmente como medio
propagandístico contra el fenómeno migratorio. Así se explica, por ejemplo, que
muchas de las obras analizadas surgieran en contextos dirigidos desde arriba
con un fin claramente antiemigracionista, como ocurrió, por ejemplo, en
diversas convocatorias de los juegos florares vascos del siglo XIX, comenzando
por la primera de 1853, que tomaron como tema para las composiciones admitidas
a concurso, propuestas como «Las desdichas de los vascos que van a Montevideo»
o «Los peligros de la emigración». Conviene en este punto resaltar la
importancia que tenían estos canales como medio de llegar efectivamente a una
población casi totalmente desconocedora de otro idioma que no fuera el vasco, y
que por esta razón se hallaba alejada de otras formas comunes de génesis y
transmisión de opinión, como la prensa -escrita en castellano o francés, cuyo
alcance se limitaba a las zonas urbanas y clases sociales que, por su nivel
educativo, estaban alfabetizadas-.
En estos esfuerzos propagandísticos participaron muy
activamente muy diversos sectores generadores de opinión pública en el País Vasco,
destacando fuertemente el papel jugado por la Iglesia y los eclesiásticos,
autores de un buen número de las composiciones recopiladas y analizadas por
Urkizu. La Iglesia vasca, como ocurría en otros países católicos, vio en la
emigración una fuente de peligros para el mantenimiento de la fe de los que
marchaban de su tierra para radicarse en países lejanos, faltos de clero, donde
se hablaba otro idioma y existían otras costumbres. La primera gran obra
escrita en euskera dedicada a la emigración, el poema Montebideoco berriac15
del sacerdote J. M. Iribarren (1853), dedicaba buena parte de su atención al
problema de la fe de los emigrantes, que resumía descriptivamente en el título
del último de los bloques de su poema, que no precisa de traducción: «Euskaldunak
Montebideon pagano».
Tras las causas de la emigración, Urkizu pasa a mostrar otros
de los temas reflejados en la literatura: en primer lugar, el papel jugado por
los llamados «enganchadores», agentes de emigración que trabajaban tanto para
compañías navieras como para empresas americanas, que ejercían una doble
función de propagandistas y financiadores de los viajes de los emigrantes.
Estos uxo marxantak o «mercaderes de inocentes»16 no gozaron, realmente, de una
buena prensa en la opinión publicada, como tampoco la tuvieron en las
composiciones poéticas en euskera destinadas al público común.
Sistemáticamente, eran mostrados como tratantes innobles, únicamente dispuestos
a engañar a los incautos que hacían caso a sus cantos de sirena:
Uso marxant batzuek arribatu dute,
Berrogoi bat dozena behar omen dute.
Herriz herri dabltza propien berexten
Bakotxaren tratua kontratuz egiten.
Uso pasaian lehen Sarako herrian,
Atzematen zituzten tronpatuz saretan,
Marxant hoiek ikhasi beren adresiez,
Presunen enganatzen urrezko amuez.
Han llegado unos mercaderes de inocentes,
Se dice que necesitan unas cuarenta docenas.
Van de pueblo en pueblo, haciendo contratos
con todos, para separarlos de los suyos.
Antes han pasado por el pueblo de Sara,
A todos los que han trabado en sus redes
Estos tratantes aprenden sus señas,
y lo engañan con anzuelos de oro.
Otro punto tratado por la poesía de los bertsolaris es el de
los sufrimientos del viaje. Imágenes lúgubres, de personas hacinadas, mal
alimentadas, muertas en el mar, tenían como
—5→ objetivo declarado hacer
desistir a los que, a pesar de todo, se sentían atraídos por los «anzuelos de
oro». Finalmente, las descripciones interesadas de la vida en América
mostraban, sobre todo, historias de fracaso, de deseos incumplibles de regresar
a casa, a ver a los suyos. Hogar y madre son los dos argumentos más tópicos
para describir los lazos con su tierra que origen, y la vida en América es
entendida, principalmente, como un destierro:
Bozkarioz bizitzera, ukaturik herria,
desterrura bertze behin ez nindake abia.
Bai ondikotz!, kiratsa zait desterruko ogia
Hemen ezin bertzean dut higatuaren bizia!17
No volvería nunca jamás a marchar al destierro
a vivir con alegría, negando mi patria.
¡Ni mucho menos! Apesta el pan del destierro
Aquí sólo puedo ver consumirse mi vida.
Destierro, además, que ni siquiera llega a verse compensado
por un eventual éxito en lo material:
Kafia hartutzen det egunian bi aldiz,
bai eta pasiatu ere, nik nahi adina zaldiz.
Jan-edanaren faltik ez, osasuna berriz...
Aita, bizimodu hau Donostian izan balitz!
Tomo café dos veces al día, y me dedico
a pasear, todo lo que quiero, a caballo.
No me falta ni comida, ni bebida, ni salud...
¡Padre, si tuviera este modo de vida en San Sebastián!
Como señala Urkizu, estos mismos elementos, aunque de un modo
más elaborado, pronto pasarían a la prosa literaria vasca, que iba poco a poco
desarrollándose, especialmente con el auge de la novelística. De este modo,
haciendo una rápida visión de los principales autores de fines del XIX y primer
tercio del siglo XX, observa una repetición de temas y de orientación general
de la visión, siempre negativa, de la experiencia migratoria. En el mejor de
los casos, se trataría de una mal menor, de un paréntesis en la vida del vasco,
que debe procurar que no altere «las cualidades de su raza», como se refleja,
por ejemplo, en Josetxo de José Manuel Etxeita (1908). En otras ocasiones, el
indiano es mostrado como personaje sin escrúpulos, maleado por la sed de
riquezas y otros pecados capitales afines (Patiko Txerren de Antonio Trueba)18.
También adquiría, en otros contextos, imágenes igualmente preocupantes para los
principales ideólogos del antiemigracionismo -los curas-: en lo político, el
indiano solía volver revestido de ideas avanzadas, «liberales»19; en lo
religioso, solía ser por lo general una «oveja perdida», que a duras penas
podía ser devuelta al redil de la fe católica -como se describe en la magistral
obra de Resurrección María de Azkue, titulada precisamente Ardi Galdua
(1918)20-.
Tanto despliegue propagandístico, no obstante, no consiguió
frenar el movimiento migratorio vasco, muy posiblemente porque el análisis realizado
por los autores de estas campañas propagandísticas no eran muy ajustados a la
realidad, o se quedaban en aspectos secundarios de la emigración, sin atacar a
la raíz. Al vasco de poco de servía que le dijeran que había agentes que
engañaban, que los viajes eran duros y aburridos, que en América no todo era
oro ni facilidades para vivir, que el abandono de su pueblo era pasaporte
seguro para el Infierno; por otras fuentes, conocía lo que para él era
fundamental: que, si bien urrutiko
—6→ intxaurrak hamalau,
gerturatu eta lau21 -como señala el refrán-, América ofrecía más posibilidades
que otros sitios a aquel que trabajaba duro.
2.- La segunda parte de la obra, que ocupa íntegramente el
capítulo 3º, cambia abruptamente el tono de las páginas anteriores, así como el
marco cronológico sobre el que trabaja. Su mismo título nos informa de un modo
claro y preciso del nuevo objeto del discurso de Urkizu: Euskal idazleak Gerra
Zibila eta Erbestean [«Los escritores vascos en la Guerra Civil y el exilio»].
Se refiere, en concreto, al proceso de desmantelamiento y huida de un amplio
número de escritores en lengua vasca, a raíz de la derrota republicana en la
Guerra Civil española de 1936. Este exilio -que explica, además, la elección
que ha hecho el autor para el título de su ensayo-, comenzó ya desde mediados
del año 1937, cuando el País Vasco español fue totalmente ocupado por las
tropas franquistas. Entre otras medidas de represión política, la dictadura
inició un ataque frontal contra la misma lengua vasca, que sobre todo en los
primeros años fue duramente perseguida, en un intento de erradicación. No es
extraño, por lo tanto, que muchos autores en euskera, que se habían destacado
en los años de preguerra, se vieran en la obligación de marchar al extranjero.
Este proceso es, precisamente, lo que centra la atención de Urkizu.
En primer lugar, hace un repaso a las publicaciones
periódicas -revistas, periódicos- que dedicaban parte o todas sus páginas a la
publicación en lengua vasca, tanto en los meses de la guerra, como los intentos
de recomposición, ya en el exilio. Si bien es cierto que la prensa vasca del
exilio tuvo en gran medida un carácter eminentemente político («Euzkadi en
Catalunya» en Barcelona, las ediciones de Buenos Aires y México de «Euzko
Deya», «Anaiak» en París, «Aberri Aldez» en México, «Batasuna» en Santiago de
Chile, etc...), no faltaron algunos intentos de tipo cultural. Entre ellos
Urkizu destaca el que fue, sin duda, el mejor refugio que tuvo la literatura en
euskera en aquellos difíciles años: «Euzko Gozoa», publicado en Guatemala y
Biarritz entre 1950 y 1959, bajo la dirección del ex-jesuita Jokin Zaitegi22.
En sus páginas no sólo tuvieron cabida obras originales, sino también
traducciones de otras lenguas al euskera, procedentes tanto de autores
exiliados como de otros que, permaneciendo en el País Vasco, no contaban con
otro cauce de expresión.
Pasa en segundo lugar a censar las obras poéticas publicadas
por exiliados, y muy especialmente sobre su propia situación de destierro. Por
lo general, todos ellos se suman al tradicional sentimiento de añoranza del
hogar. No obstante, muchos de ellos añaden a dicho sentimiento un componente
político de corte nacionalista -ideología que había conocido un ascenso
vertiginoso en el País Vasco desde la primera década del siglo XX-. De este
modo, en composiciones como las del propio Jokin Zaitegi23, de Pedro Ormaetxea
«Lontzi Aba»24, o de Juan Ignacio Goikoetxea «Gaztelu»25, se observa cómo el
deseo de retorno se ve complementado con las ansias de que la vuelta a casa se
produzca cuando «la Patria sea libre»:
Gaur berriz zertaz mintzo natzaieke?
Erbestean bertsoa zertaz bete?
Baña matsari, zer dario? -Ardo.
Sagarrai orobat, zer? -Sagardo.
Biotzari, bada, zer errimiñez?
-Aberri-maitasuna, besterik ez.26
¿Hoy, en cambio, de qué puedo hablaros?
¿De qué puedo llenar en el exilio mis versos?
Pues de la uva, ¿qué sale? -Vino
¿Y de la manzana, qué? -Sidra.
Y del corazón, cargado de añoranza, ¿qué sale?
-Amor a la Patria, solamente.
—7→
Finalmente, Urkizu se detiene en la escasa producción
novelística y teatral de los años de postguerra, toda ella realizada y
publicada fuera de la España franquista. Estas novelas, además de reflejar el
trauma vivencial que supuso para sus autores la propia guerra -como se ve, por
ejemplo, en Loretxo eleberri-edestia de Domingo Arruti27-, se detienen
igualmente en plasmar sus experiencias fuera del País Vasco. Entre todos ellos
destaca la figura de Juan Antonio Irazusta, abogado, político y -en los años
finales de su vida- misionero en la Amazonia peruana. De su paso por el exilio
en Argentina y Colombia, dejó las que pueden ser consideradas las dos obras
cumbres de la novelística vasca sobre el «sueño americano», teñidas de una
visión agridulce en la que se mezclan éxitos y fracasos. En la primera de
dichas novelas, Joañixio (Buenos Aires, 1946), se refleja la vida de un
emigrante en la Pampa argentina, llamado por sus parientes; tras muchos años de
trabajo y soledad, una vez logrado el primero de sus deseos -enriquecerse-, su
protagonista Joañixio regresa a su pueblo, para casarse finalmente con su
sobrina. «Llegan los hijos, pero son los hijos débiles y enfermizos de un
viejo. Finalmente Joañixio morirá sintiendo envidia de sus amigos que
permanecieron en el pueblo, y en su última confesión reconocerá su
arrepentimiento de haber ido a América»28. La segunda novela, Bizitza garratza
da29, plantea la marcha a Colombia de dos amigos, Andoni y Ander, que no
deseaban participar en la guerra. En este país, la fiebre de riquezas les
llevará a una vorágine de acontecimientos -con contrabandistas, mercaderes sin
escrúpulos, etc...- en la que, finalmente, perderán la vida. En gran medida, en
el final se veía reflejada la desesperanza que se iba adueñando de los
exiliados, que tras la finalización de la Guerra Mundial veían cada vez más
lejos el regreso a su patria.
El ensayo se completa con una bibliografía bastante
exhaustiva, tanto de algunas valiosas obras de referencia -por lo general,
escritas en idiomas de gran difusión, castellano, francés o inglés-, como de
las propias obras literarias utilizadas por el autor. En todas ellas, resume
Urkizu en el epílogo, se observa como «el extranjero, que en muchas ocasiones
puede traducirse por América, ha sido en la mente de los vascos una referencia
permanente a lo largo de los siglos». Los historiadores vascos tienen, en este
punto, un filón todavía virgen para acercarse, desde nuevas perspectivas, al
fenómeno migratorio, que fue tan importante en el pasado vasco, incluso en el
más reciente.
Óscar Álvarez Gila
Euskal Herriko Unibertsitatea
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